Claro, sí. Mi formación profesional es humanista, estudié filosofía y humanidades, y eso da una cierta manera de ver a las personas. Estaba muy enfocado al desarrollo humano, al tema del potencial humano: ¿cómo hacer para que las personas realmente sean lo que pueden ser? Por cierto, incluyéndome a mí mismo.
Entonces, cuando empecé a trabajar, participé mucho en el área de servicio al cliente. Entrenaba gente y escribí un libro sobre este tema. Y me di |
cuenta de que aunque uno entrene a la gente, ésta no cambia ciertos comportamientos. Después de una conferencia, pensaba: “¿Qué pasa? La gente sigue pensando lo mismo que antes”. Entonces, me dije: “El tema no es tanto trabajar con los comportamientos de la gente, sino sobre sus creencias sobre esos comportamientos. Ahora, ¿cómo hago para trabajar con esas creencias?” Y así empecé con el coaching, trabajando con la manera cómo la persona ve lo que hace, no con cómo lo hace. |
El otro enfoque fue el darme cuenta de que no servía de nada trabajar con las personas que atendían clientes si no trabajaba con los jefes de esas personas, que de alguna manera los influenciaban y les generaban ciertas creencias acerca de qué era atender bien un cliente. Y fue interesante ver cómo se empieza a trabajar desde fuera y se termina trabajando en algo mucho más interno de la organización y de las personas. Y descubrí que mucho de lo que hacía tenía que ver con coaching, con creencias limitantes de las personas, con paradigmas. |