El sentido común y la sabiduría convencional nos llevarían a pensar que, en general, los consumidores realizan decisiones racionales e inteligentes respecto a lo que compran. En 1637, el filósofo y matemático francés René Descartes publicó “El Discurso del Método”, un influyente ensayo filosófico y matemático que incluía la ahora famosa frase: “Pienso: luego existo”. Allí, Descartes argumentó en forma convincente cómo las decisiones pueden ser mejores utilizando la lógica. Hoy en día sabemos que nuestra capacidad de pensar y razonar lógicamente se encuentra en el denominado “cerebro nuevo”, ubicado en la corteza prefrontal.
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Sin embargo, más de 350 años después, es abrumadora la gran cantidad de investigaciones científicas que contradicen a Descartes y muestran el rol escondido que el inconsciente y emocional “cerebro antiguo” juega en el proceso de toma de decisiones.
En 1983, Benjamin Libet y su equipo de la Universidad de California, San Francisco, publicaron descubrimientos que demostraban que nuestro inconsciente gatilla decisiones incluso antes de que nosotros estemos conscientemente enterados de ello. Luego, en 1999, Antonio Damasio, el |
ahora Director del Instituto del Cerebro y la Creatividad en la Universidad del Sur de California, publicó el libro “El error de Descartes”, sugiriendo en éste que no existen las decisiones racionales provenientes del “nuevo cerebro”. De hecho, el lema de Damasio es: “No somos máquinas pensantes que sienten, sino máquinas con sentimientos que piensan” y esto implica que las emociones de las personas, las que se encuentran un 95% más allá de un nivel consciente, juegan un rol más importante en las decisiones de compra que todas las razones lógicas o racionales que puedan usarse para justificar sus elecciones. |