De pronto, brillan lágrimas en los ojos de Juan y con voz muy queda, apenas audible, me dice como disculpándose: "Es que no estoy acostumbrado a que se ocupen así de mí".
Estamos apenas en los minutos iniciales de nuestra segunda sesión de coaching, en ese momento en que un coach aún busca establecer el rapport, el contacto adecuado para facilitar el intercambio.
Es difícil no encariñarse con Juan una vez que lo conoces.
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Su emoción me impacta. Es una revelación percibir de pronto el aspecto sensible y vulnerable de una persona.
El mismo que dijo en el primer encuentro: "Soy un peleador innato. Me vi de pie, luchando con pena, soledad. Nada me va a doblegar." Ahora murmura: "Todo es distinto, no me encuentro conmigo. No encajo en el mundo de ahora."
Me conmueve participar en esta expresión espontánea y vulnerable de sentimientos,
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particularmente significativa cuando se trata de un hombre de 35 años curtidos por la vida, por su camino de abandono, delincuencia y cárcel. Un hombre hecho y derecho.
Los criterios sociales comúnmente aceptados lo juzgan duramente: "hecho", claro, plasmado en la delincuencia, varios meses de cárcel, aún en régimen de detención nocturna; "¿derecho"?, ¡no!, más bien siniestro, una sombra, un peligro, es necesario precaverse. |
| PALANCA QUE ABRE OPORTUNIDADES |
El coaching es para mí, ante todo, una relación humana. Una interacción en la cual dos personas se revelan y avanzan en un flujo de comunicación atenta y honesta, una relación centrada en la armonía y la felicidad de una de ellas, el coachee.
Múltiples encuentros con personas recién volviendo al mundo afuera de la cárcel me han permitido descubrir cuan importante, adecuado y oportuno puede ser el coaching como el estímulo |
justo, la palanca que abre oportunidades.
Al recuperar la libertad, la persona pierde el encuadre asfixiante pero sostenedor de las duras paredes y de los compañeros de prisión; retorna entonces al mundo amplio y hostil que lo instiga y apoya en el delito, al mismo tiempo que lo condena e inflige el castigo. Se encuentra en modo de supervivencia; una solución fácil, viable y conocida sería retornar a su antiguo grupo de pertenencia y delinquir. Pero de |
todo corazón no es eso lo que quiere y busca alternativas.
Ya en nuestra primera sesión, Juan se abre a sus metas y sueños, tras contar someramente sus ocupaciones actuales; vende pastillas en las micros, a veces roba una joya o una cartera. Solía vender libros en la calle, aprendiendo así a disfrutar leyendo García Márquez, Dostoyevski, Nietzche ("sobre todo los aforismos"). En la calle conoció a su mujer y a su mujer y madre de su pequeño hijo, la mayor alegría en su vida. |
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