| Planteado así el tema, también cabe preguntarse: ¿A qué lugar queda relegado el crecimiento? ¿Cuál es la razón de ser de los humanos si, llevado a un extremo, su existencia se reduce a un mero desear? Si incluso para sobrevivir se debe actuar en procura de alimentos, techo y abrigo, que no llegan con sólo frotar la lámpara de Aladino.
“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” planteaba el filósofo español José Ortega y Gasset (“Meditaciones del Quijote”). Siguiendo su razonamiento sería pertinente ahondar luego en la pregunta: ¿Y cómo la salvo? Con fe, claro está, para quienes creen. Pero, además, actuando y aprendiendo para no tropezar siempre con las mismas piedras. Mucho mejor aún si se aprende a no caer con cualquier clase de piedras. Y tal vez incluso reconocerlas, por qué no valorarlas, moldearlas y convertirlas en herramientas o utensilios. En otras palabras, siguiendo el razonamiento del pensador, la vida puede llegar a ser heroica.
“Existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los tales que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición, y en resumen, los instintos biológicos les fuerzan a hacer. Estos hombres llamamos héroes…Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto. Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto” (“Meditaciones del Quijote”). Y no solamente gestos, se podría agregar, también planificaciones, estrategias y alternativas ante los eventuales escollos.
Tal vez peque, eso sí, el filósofo en plantear que ésta puede ser una actitud de “perenne dolor”. Eso sería más bien una creencia limitante. Acaso baste con dar un solo paso. Lo importante es saber cuál, en qué dirección, cómo darlo, cuándo y asegurarse respecto a qué terreno se puede pisar. Eso lo determina cada persona con sus pensamientos, pero principalmente con sus actos heroicos.
Para finalizar, después de tantos remezones, una nueva concesión para el libro. Rescata el valor de visualizar y vivir un hecho deseado en el futuro como si fuera presente (procedimiento que en todo caso ya había aplicado con maestría el conocido hipnoterapeuta Milton Erickson y que éste mismo denominó como pseudo-orientación en el |