Vale la pena también reflexionar por las consecuencias de tipo ético. ¿Qué pasa, por ejemplo, si en mi anhelo de conseguir algo, paso a llevar voluntaria o involuntariamente a otras personas? El libro no sólo habla de los deseos materiales, también de los sentimentales. Bien podría ocurrir que alguien profundamente enamorado o entusiasmado se concentrara en obtener la reciprocidad del ser amado. Luego, satisfecho ya ese anhelo, ¿quién me asegura que de esta forma no se pasa a llevar a un tercero que legítimamente pretende o, peor aún, ya estaba junto a esa persona?
El fondo del asunto resulta difícil de demostrar por tratarse de cuestiones que supuestamente se sitúan a nivel transpersonal. Por lo mismo, resulta imposible hablar con propiedad |
de una “ley” de atracción. Y si ya derechamente alguien quiere entrar en este terreno, pueden ser invocadas algunas ideas que contradicen este principio. “Ayúdate que yo te ayudaré”. Se trata de una frase de gran popularidad en la tradición judío-cristiana y que implica necesariamente un compromiso de acción para quien la invoca y no sólo de deseo. Contrario a lo que muchos creen, no es una frase bíblica. De hecho su origen -en teoría, divino- aún es materia de discusión. No obstante, en la práctica ha sido validada por los creyentes. Tanto o más potente es aquella que sí aparece en la Biblia (Josué 1:9): "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas." Y la lógica indica que el esfuerzo implica ponerse manos a la obra y no una mera |
focalización. Eso en el terreno de las creencias. Y como éstas son debatibles resultaría más apropiado centrarse en las consecuencias que puede acarrear la actitud de una persona que se entrega con todo a los principios de los que habla el libro.
Llevado el tema a un nivel más terrenal resultaría lógico pensar que alguien focalizado con potencia en un objetivo va a actuar en virtud del mismo y, obviamente, sus posibilidades de conseguirlo aumentan. Aquí hablamos entonces de convicción, motivación y, por cierto, de empoderamiento. Sin embargo, la ley de atracción se salta estos últimos elementos como parte de la cadena y el engranaje que necesariamente debe incluir un plan de acción. Faltan en el puzzle, entonces, tres elementos básicos: actuación, responsabilidad y aprendizaje.
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