Las relaciones se construyen, no son obra del azar ni de la suerte de otros; las relaciones se moldean y se edifican con paciencia de acuerdo a valores trascendentes e importantes. A las relaciones se le dan las mejores horas, los cuidados más intensos, digamos el amor más fino. “Rodrigo, es que nadie es profeta en su propia tierra”. Esto sucede porque no sabemos valorar a las personas que nos rodean. Tenemos una actitud excesivamente crítica, nos impactamos con los defectos ajenos y no nos damos el gusto de contemplar sus cualidades. Como que nos encandila la oscuridad y no la luz, lo que hace que “nuestra propia tierra” se vaya tiñendo de agresividad, desamor e indiferencia. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia.
Entonces, ¿cuándo podemos comenzar otra vez? El momento es ahora. Comenzar significa no esperar qué puede hacer el otro por mejorar la relación, sino ver qué estoy dispuesto a entregar yo por ella. Es mirar su rostro y saber que él es más que sus tropiezos, más grande que sus errores y, si en parte nos ha ofendido, nos hace gigantes saber dar y recibir una disculpa.
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El presidente Theodore Roosevelt dijo en una oportunidad: “A nadie le importa lo que usted sabe hasta que saben que usted es alguien a quien le importan las personas”. La Madre Teresa dijo: “Una vida centrada en sí misma es totalmente vacía”.
Quiero compartir con ustedes este breve relato: “Seis personas fueron atrapadas por la oscuridad y un frío terrible. Cada una de ellas poseía un pedazo de madera, según se dice. El fuego que moría necesitaba madera, pero la primera mujer no ofreció su madera, porque entre los rostros alrededor del fuego, ella notó que uno era negro. El siguiente hombre, mirando con cuidado, no vio a nadie de su iglesia, y no pudo decidirse a dar su trozo de madera. El tercer hombre, sentado en andrajosas ropas, trató de abrigarse ajustándose el abrigo, y pensó: ¿por qué debo gastar mi madera para calentar a un hombre rico? El rico simplemente meditó en las riquezas que tenía guardadas, y en la forma de no compartirlas con las personas que no hacían nada. El rostro del hombre negro habló de venganza mientras el fuego se
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alejaba de su vista, porque todo lo que vio en su pedazo de madera fue una oportunidad de molestar al blanco. Y el último hombre de este triste grupo no hacía nada si no era por ganancia. Les daba sólo a los que le daban a él, y así era como vivía. Los pedazos de madera todavía permanecían apretados en sus manos heladas por la muerte, fueron la prueba de su egoísmo e indiferencia. Ellos no murieron por el frío de afuera, sino que murieron por el frío de adentro”. (Anónimo)
Mario Moreno –Cantinflas-, antes de morir dijo lo siguiente: “La primera obligación del ser humano es ser feliz; la segunda, hacer felices a los demás”.
Entonces, ¿cuándo termina la noche? Como dijo el maestro: “Recién cuando uno descubre el rostro del otro como el de un hermano, recién entonces habrá terminado la noche”.
¿Podemos comenzar hoy? |