Un maestro preguntó una vez a sus discípulos: ¿Cuándo se puede ver que amaneció? El primero respondió: Cuando se puede distinguir el olivo de la higuera, en ese momento ha amanecido. Otro dijo: Cuando se puede reconocer las cumbres de las montañas en la primera luz del día. Dijo un tercero: Cuando se oye el primer canto del gallo en la madrugada, entonces quiere decir que ha llegado el día. Y un cuarto respondió: Cuando hay suficiente luz para que los pastores puedan contar las ovejas de su rebaño y ver que no falta ninguna. Dijo entonces el maestro: No, recién cuando uno descubre el rostro del otro como el de un hermano, recién entonces habrá terminado la noche.
Como blanco y negro, trigo y cizaña, luz y día, el ser humano es una mezcla de hermosura y oscuridad. Alguien dijo: “Tenemos algo de ángeles y demonios”. En oportunidades somos capaces de actos de valor heroico, y en otras caemos en las más obscuras y peores humillaciones. Somos fuertes para ir adelante en las distintas etapas de la vida, pero también débiles ante cualquier dificultad que nos derrota. Nuestras relaciones personales no son ajenas a ello. Se nos ha dotado de dones espectaculares, la comunicación y la capacidad de vivir en comunidad, pero aún así, siendo el sello maestro de la creación, debemos ser honestos. No siempre nuestras relaciones son las mejores, y es necesario revisar el inventario de nuestros elementos positivos y también los negativos. |
En estos momentos de reflexión es cuando nos cabe preguntar: “¿Qué no he hecho para mejorar la relación?”, “¿cómo puedo nuevamente generar confianza?”, “¿cómo aporto a la armonía?”
| No siempre nuestras relaciones son las mejores, y es necesario revisar el inventario de nuestros elementos positivos y también los negativos. |
Hoy el mundo está estresado. El riesgo de un desastre ecológico innegable ha hecho que muchas organizaciones tomen conciencia de la delicada situación de nuestro planeta. Vemos como el ex presidente Al Gore lleva el mensaje de alerta con sus conferencias y el film “Una Verdad Incómoda”. Greenpeace lucha por la vida de |
las ballenas y el medio ambiente. Los gobiernos firman tratados de colaboración para mitigar este riesgo ecológico, pero si bien todo esto es importante y vital en esta hora, es nuestra responsabilidad salvar “la vida” y reconocer en otros que también son nuestros hermanos.
Lo reconozco, es parte de mi formación teológica; debemos detenernos por un instante, y te invito a hacerlo ahora y preguntarte: ¿Qué es lo que realmente quieres? Algunos dirán: “Estabilidad económica”, “un auto”, “un departamento”, “una pareja”, pero si bien esto es parte de la vida y de sus logros, no es la vida misma. La vida se sustenta en poder mirar al otro con sus defectos y virtudes y reconocerlo como un hermano. Saber reír con sus logros y alegrías y saber llorar con sus penas y derrotas. ¡Cuánto nos hace falta sacar el pie del acelerador de nuestro día y observar en las calles a quienes más que un auto, un departamento, estabilidad económica, necesitan respeto, cariño y amor! ¡Qué interesante es leer en la Biblia que Jesús conoció la generosidad de Pedro pero también supo de su negación! Hizo de Judas un discípulo y después lo vio venderlo por 30 monedas de plata y aún así lo seguía amando. Este sentimiento es el que hoy invito a rescatar en el trabajo, en el hogar, en la familia, en las relaciones del día a día. ¿Cuánto se transformaría todo con un pequeño cambio?, ¿cuánto ganaríamos perdiendo un poco de orgullo?, ¿cuánto necesitamos una “re-visión” de nuestras relaciones? |