La tendencia del hemisferio lógico, especialmente en situaciones apremiantes, es ir a las preguntas “proactivas”:
• ¿Cómo lo soluciono?
• ¿Cómo salgo de esta situación?
• ¿De qué manera puedo resolverla?
• ¿Qué opciones tengo?
En situaciones no complejas, de resolución inmediata, de escenarios previsibles y
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controlados, de información certera, las preguntas de este tipo son muy adecuadas pues rompen la “parálisis por análisis” y llevan directamente a pensar en acciones correctivas.
Sin embargo, en situaciones complejas o no claras, donde influyen factores que no sólo no controlamos sino que no acabamos de entender, las preguntas proactivas pueden |
“tensar demasiado el elástico” y, ante la falta de respuestas claras, pueden producir un bloqueo mental e inclusive emocional, generando sentimientos de impotencia ante la falta de respuestas efectivas.
Es el momento de reactivar a nuestro viejo y olvidado amigo, el hemisferio derecho. |