
autohipnosis: entrene su mente
Paul Anwandter
RIL Editores
Por Sebastián Rodríguez
La vida es una paradoja. Hace algunos días, asistí a la presentación del último libro de mi padre. Fue una presentación extremadamente solemne, en el Aula Magna de la Universidad de Chile. Los panelistas y asistentes, la mayoría altos representantes de todos los poderes del Estado, se reunieron para abordar un tema serio: las difíciles relaciones |
vecinales Chile-Perú y nuestra relación con el mar.
En su turno, Andrés Allamand alabó la rigurosidad del libro de mi padre y criticó la liviandad de la prensa, analogando la superficialidad de algunos periodistas a los detestables libros de auto-ayuda. Cuando escuché esto, desperté -como diría Paul- de mi trance, en este caso de un trance bélico colectivo. Observé a mi alrededor que todos compartían el rechazo de Allamand por los libros de auto-ayuda y me sentí como pingüino en el desierto.
Sí, es cierto, hay libros de auto-ayuda muy malos…, pero también es cierto que los hay buenos. Algunos son buenos porque están bien escritos o porque las ventas así lo indican, pero yo creo que el libro que hoy presentamos es bueno porque ayuda.
Independiente de lo que hayamos entendido del libro, y de cuánto confiemos en nuestra mente inconsciente, esta obra nos invita a hacer un viaje tan profundo o tan liviano como queramos.
|
Otra paradoja es como llegué a presentar este libro. La verdad es que Paul, sorpresivamente –yo creo que para ambos-, me eligió para hablar sobre su libro una mañana que me reuní con él para dialogar de temas más concretos. Había llegado hasta su oficina para conversar sobre posibles proyectos de coaching para este 2009.
Después de esbozar potenciales proyectos conjuntos, abrí mi mochila para anotar algo en un cuaderno. Buceé en ésta y tuve que sacar un par de libros antes de dar con el cuaderno. Paul me preguntó qué leía, y yo le mostré “Nieve”, una novela que estaba leyendo.
Para Paul fue inevitable hacer la analogía entre mis lecturas y las de su hijo Christian, pues reconoció que siempre andábamos cargados con kilos de libros en la mochila. Esta analogía bastó para que Paul me pidiera –repito, sorpresivamente- que le presentara su libro, invitación que acepté de inmediato, pues es un honor estar aquí con ustedes comentándolo.
|